Lamentamos las molestias.
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Henkell Freixenet, resultado de la fusión de dos icónicas bodegas, ofrece espumosos que combinan tradición y modernidad. Con un bouquet de frutas blancas y un final persistente, es perfecto para maridar con mariscos o postres frescos.
En 1838, un joven llamado Adam Henkell decidió que el mundo necesitaba un espumoso que hablara de la tradición y la pasión por la viticultura. Así nació Henkell & Co. en Wiesbaden, Alemania, donde la producción de sekt se convirtió en un arte. Más de dos décadas después, en 1861, en el soleado Penedès, Freixenet comenzó su propia historia, dedicada a crear el emblemático cava español. La fusión de estas dos leyendas en 2018 no solo unió sus historias, sino que también revolucionó el panorama de los espumosos a nivel global.
Henkell Freixenet es sinónimo de calidad y autenticidad. Cada botella es un tributo a la meticulosidad en la selección de uvas, la fermentación lenta y el envejecimiento prolongado. Imagina un vino que, al abrirlo, despliega un bouquet de frutas blancas y flores, con un toque de pan tostado que evoca un paseo por los viñedos. En boca, su suavidad y dulzura se entrelazan con notas de pimienta, dejando un final largo y persistente que invita a la contemplación.
Este espumoso no solo es un deleite para el paladar, sino también un embajador de la tradición vitivinícola. Maridarlo con mariscos gallegos o un postre de frutas frescas y helado de vainilla es una experiencia que resalta su versatilidad. Henkell Freixenet no es solo un vino; es una celebración de la vida, un brindis a los momentos que merecen ser recordados.
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