En Brouwerij De Ranke, la tradición cervecera se reinventa. Fundada en 1994, esta cervecería belga se destaca por su uso exclusivo de lúpulo en flor y su compromiso con la autenticidad. Con cervezas como la XX Bitter y la Guldenberg, cada botella es un homenaje a la calidad y el sabor puro.
“La paciencia no es una virtud, es necesidad”, solía decir Nino Bacelle, el fundador de Brouwerij De Ranke. Desde su creación en 1994, esta cervecería ha sido un faro de autenticidad en el mundo de la cerveza belga, desafiando las convenciones de su tiempo. Ubicada en Houthem, Dottignies, su historia comienza con un deseo casi rebelde: rescatar el verdadero carácter lupulado que había sido eclipsado por cervezas más dulces y afrutadas. Aquí, cada botella cuenta una historia de dedicación y pasión por lo natural.
La filosofía de De Ranke es clara: no hay lugar para aditivos ni lúpulos procesados. Solo ingredientes de la más alta calidad, seleccionados con esmero. Este enfoque artesanal se traduce en cervezas como la XX Bitter, que irrumpió en el mercado con su audaz amargor y un perfil aromático que combina notas resinosas y cítricas. Por otro lado, la Guldenberg ofrece una elegancia seca, con un toque de especias que la distingue, mientras que la Noir de Dottignies despliega una complejidad oscura, con matices de caramelo y chocolate, siempre manteniendo esa firma lupulada.
En cada sorbo, se siente la integridad de un proceso que evita la filtración y pasteurización, permitiendo que la cerveza evolucione en la botella. Así, Brouwerij De Ranke no solo elabora cervezas; se erige como guardiana de la verdadera tradición cervecera, influyendo en una nueva generación de cerveceros que valoran la autenticidad. Cada trago es una invitación a explorar un legado de sabor, donde la tradición se encuentra con la innovación.
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